EL AUTOR

 

La vida sería una cuesta muy erizada si pensáramos que los profesores no calan con holgura a los niños que instruyen y los editores a los libros que les llegan. No tengo contactos, ni ínfulas, mi talento es limitado y solo confío en el sudor, de ahí que haya confiado a cuatro ahorrillos la impresión de estas páginas. Y puesto que a nadie importan mis facciones o el estilo de sonrisa que gasto, procedo a presentarme a pelo: natural de aquí; con estudios en una prestigiosa universidad, aunque aprendí más en el bar que en las aulas; de lengua larga y argumentación esforzada; tengo más horas de vuelo que muchos pilotos y, sin embargo, no he pisado los ambientes y paisajes de mis lecturas preferidas; solo disfruto con el ocio simple de los naipes, el whisky, el tabaco, la conversación, las risas y las novelas policíacas y/o negras de verdad: Hammett, Chandler, Elroy, Elmore Leonard, Harry Bosch y por ahí. ¿Aventuras, sexo, emoción y sueños? También, sí, faltaría más; en todo caso, ¿por qué no? He juntado palabras para socorrerme y desentrañar si hay un modo de respirar en libertad; para experimentar qué se siente sin miedo, asco o perplejidad; para comprender por qué no avanzamos desde que tenemos noticias, tres mil años ya. Hay que hacer algo, coño. Sin permiso, con cataplines. Pues sí, hombre, no.

Jar Rian

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