• SIN PERMISO
    Crónica de una comunidad vengadora

SINOPSIS

 

¿Para qué molestarse en inventar si, luego, viene tu amigo Paco y te cuenta una historia mucho mejor? Todos tenemos un afecto que se llama Paco y otro que es de la Villa y, a veces, coinciden en la misma persona. Pues este Paco, un domingo de 1954, se encaminó a las cuatro de la tarde al partido de fútbol de su equipo, con su bocadillo y su bota de vino, que es como siempre se debe ir al sempiterno duelo de las cinco de antaño. Vivía en unas casas baratas, casi chabolas, en la ladera de un monte cercano; ¡por todos los demonios!, cuando casi había llegado al estadio se dio cuenta de que no llevaba el carnet de socio. Vuelta a subir hasta su casa. Y… Paco encontró a su mujer en la cama con su mejor camarada, que jugaban su choque particular al empate; su reacción fue asestar catorce puñaladas al causante de sus molestias en lo alto de la frente.

Lo mató; si es que no podía haber otro desenlace… A la madre de sus hijos la perdonó, con sangre fría, «porque tienes que cuidar de mis hijos mientras estoy en la cárcel que si no…», y los puntos suspensivos pocas veces han sido tan elocuentes. Pasó diez años en la trena, de los veinte de condena, porque era un pedazo de pan y se portó muy bien, incluso trabajó en la pocilga del penal hasta que lo cerraron por insalubre en mil novecientos sesenta y siete y le licenciaron de su penitencia. ¿Qué? ¿Eso es todo? ¡Cómo va a serlo! Lo interesante es que coincidió en el trullo con otro asesino, del que se hizo muy compinche, vínculos de sangre ya archisabidos, pero este contrajo cáncer y se iba a morir. Se llamaba Dionisio Palomo y confesó a Paco dos cosas: una, que era primo de Nesio Sánchez, propietario del Mesón Apego de la Villa y, otra, que «él mataba por encargo y en justicia». Le conminó a que se presentara en la taberna y manifestara a Nesio que era colega suyo; los Quince (¿?) le ayudarían. Paco no lo hizo, pero me lo contó a mí en una noche de borrachera. Y yo, intrigado, con Paco ya desaparecido a causa de un infarto, fui. Así descubrí este pastel.

Quince resultó ser el nombre de una comunidad antigua y extraña y el libro que precede a estas pocas palabras es su Crónica. Ojalá no se la crean; la historia auténtica siempre queda más hermosa y te hace soñar cuando parece un invento descabellado. ¡Paco, no seas dejado y agénciate algo de pimplar y un par de gachís de las peor intencionadas, que nos vemos en el infierno!

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR